Un visitante inesperado

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Un visitante inesperado

Mensaje por Shiori el Vie Feb 10, 2017 5:07 pm

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Contexto para Link: Esta historia se ubica aproximadamente unos meses antes del Carnaval del Tiempo celebrado en Termina. Link tendría unos 18 años más o menos en este entonces, mientras que Shiori unos 15.

Como referencia, Link un año antes había emprendido su primer viaje a Hyrule con el objetivo de visitar a la Gran Hada de la Sabiduría y obtener más información acerca de su destino. Para este momento también cabe decir que Link ya había conocido a algunos personajes como Saria, Nabooru, Ska y Sheik. También había obtenido ya la espada maestra acompañada de Fay su guardiana, que posteriormente gracias a los eventos que sucedieron en un enfrentamiento con Sheik había quedado sellada dentro de la misma (aunque lograría liberarse mucho tiempo más adelante, después del Carnaval del Tiempo). Probablemente ya contaba también con Epona. Todavía no conocía a Zelda ni a su hermano Snow... y creo que ya.

Si necesitas más contexto o aclaraciones, puedes enviarme MP Smile

Un nuevo día, después de tantos años, parecía no significar nada más allá de un número más.  Absorta en mis quehaceres rutinales, repasaba en mi mente algunas de las aventuras que había en mi más reciente libro leído. Una cosa llevó a la otra y finalmente me encontré a mi misma de nuevo deseando salir de casa y conocer el mundo, pero por supuesto, respondida con la habitual sensación de miedo y ansiedad que me tenía atada siempre a las profundidades del bosque.

Cuando terminé mis tareas, decidí darme un momento para abrir la ventana y tomar algo de aire fresco. Saludé con una sonrisa a los pajaritos que trinaban y se posaban en el jardín y admiré las vistosas flores y rosales que adornaban todo en derredor. No era que no me gustara el bosque, ¡lo amaba! ¡era hermoso! y me encantaba contribuir a cuidar de su bello follaje; la cabaña en la que vivía, aunque era sencilla, me parecía sumamente acogedora y no tenía motivos para quejarme de mi hogar. Pero en días como hoy, era difícil apartar ciertos pensamientos de mi mente.

"El mundo no es tan complicado, yo soy la rara" pensaba. Sacudí la cabeza y con el corazón ya acostumbrado al dolor y resignado a la soledad, procedí a prepararme algo de té para apaciguar mis nervios.

Veamos... ¿Qué libro leeré el día de hoy? —musité mirando hacia el librero junto a la pequeña mesa de madera, donde ya reposaba mi bebida caliente.

Lo cierto es que ya me conocía casi todas las decenas de libros que allí había a la perfección. Algunos ejemplares los había releído ya varias veces, pero con todo y eso, mi interés hacia la lectura no había disminuido, después de todo, era ese mi único contacto con otras personas y lugares del exterior.

Había un libro que llamó mi atención entre todos, éste albergaba historias, mitos y leyendas sobre los orígenes de las tierras en que habitaba, sobre Hyrule y un poder dorado que iba más allá de todo entendimiento y era custodiado perpetuamente por tres guardianes. Las hazañas y aventuras que se narraban eran sorprendentes. La lucha entre el bien y el mal, la justicia y el amor. ¡Yo siempre apoyaba a los buenos, por supuesto!

¡Este será! —Me dije a mí misma, sonriente. Sin dudarlo más, lo tomé del estante y empecé a devorarlo, figurativamente, claro.

Logrando evadir la realidad como siempre, inmersa en mi imaginación, no me di cuenta hasta muy tarde de que este día alguien aguardaba en el exterior.

Una voz cuyas palabras no logré distinguir acompañados de unos sutiles golpes en la puerta me trajeron de vuelta al mundo real; fue para mí tan súbito como haber recibido un balde de agua helada. ¡¿De verdad estaba pasando?! ¿Alguien tocaba a la puerta? ¡Pero eso era imposible! ¡Nadie nunca venía a visitarme!

El pánico me invadió y me quedé inmóvil un instante, sin saber qué hacer.

Tan pronto pude reaccionar, me precipité hacia la ventana, que por suerte se ubicaba a un lado de la casa y no al frente como la puerta, para cerrarla. Quería ser sutil y no hacer ruido alguno, para fingir que no había nadie en casa y cerrar la ventana era parte esencial para evitar que alguien fisgoneara y me descubriera dentro. Logré cerrarla y cubrirla rápidamente con las cortinas, pero decir que estaba nerviosa sería poca cosa, así que al volverme con la intención de correr y encerrarme en mi alcoba, torpemente me tropecé con un libro que había quedado en el piso y en un vano intento de recobrar el equilibrio halé la mesa, pero no sólo no logré detener mi caída, sino que también terminé volteando la mesa y tirando al piso la delicada taza de porcelana y plato donde reposaba mi bebida, haciéndola añicos...

Oh, no... –murmuré terriblemente angustiada. Supuse que aquella estruendosa caída no sería precisamente un sonido que pudiera confundirse con la naturaleza.

Encima de todo, me había olvidado de que no había echado el cerrojo a la puerta. Sentía que era mi fin, todo estaba perdido.


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