¡Hay un pedazo de metal en esa estatua! [individual]

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¡Hay un pedazo de metal en esa estatua! [individual]

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 09, 2013 2:27 pm

Era un día nubloso y oscuro en los bosques perdidos, todo parecía tranquilo, a parte de unos pocos truenos que sonaban por una tormenta lejana. Todo, absolutamente todo estaba en completo silencio, los árboles gigantescos y altos adornaban el hermoso paisaje de esos bosques, aunque eran todos iguales lo que hacía a uno perderse. Pero algo rompió ese silencio, eran unos pasos, al parecer de dos personas, unos tranquilos y pesados, otros rápidos y apurados. De entre la niebla aparecieron dos sombras, una alta con una especie de cuernos y otra baja con unas protuberantes orejas. A medida que salían, se podía observar el metal de una armadura y unos brillantes ojos de color ámbar en la figura alta, y una piel amarillenta y unas garras cortas en la baja figura.
Los dos seres empezaron a frenar su paso poco a poco al ver una gran estatua de piedra, con una corona muy extraña, en sus manos había una larga y aparentemente pesada espada. El hombre de la armadura la empuñó e hizo unos cuantos movimientos rápidos y ágiles. Esa espada era mucho más ligera de lo que aparentaba ser, tenía el aspecto de un mandoble, pero el peso de una daga. Al no tener lugar donde guardar la espada se la dejó apoyada en su hombro. Su pequeño acompañante aplaudía eufórico ante el poderío del grandote de la armadura. Cuando otros pasos metálicos empezaron a oírse de fondo y cada vez más cerca, una figura masculina surgió de la niebla, era un hylian, un caballero al parecer, parece ser que esos dos estaban tocando algo que no debían...
-¡Eh tú! ¡el de la capa roja! Suelta esa espada, y sal de aquí si no quieres que te atraviese los sesos con mi ballesta, ¡eso no es tuyo!-El ser acorazado de ojos brillantes se giró hacia el joven caballero que le apuntaba con una patética ballesta.
-Aparta de mi camino, orejudo...
-¿¿Que me has dicho?? se acabó ¡¡Muere!!-El hylian disparó un virote el cual salió a grandes velocidades. Pero cuando el chico se quiso dar cuenta solo había una masa de humo delante suyo.
-Te dije que te apartases...-Dijo la masa de humo transformándose en el ser de armadura que era antes. Este movió su espada como si de una guadaña se tratase, elevando un metro en el aire a aquel hylian el cual recibió un fuerte corte que quebró su armadura plateada y brillante. El chico, tirado en el suelo, con su armadura hecha añicos y empezando a desangrarse, dijo:
-N-no... por favor ¡no!-Cuando el misterioso hombre de la armadura se disponía a clavarle esa espada en el pecho, el hylian se cubrió con su escudo. Al ver eso, el enorme acorazado goleó el escudo con toda su ira, mandándolo lejos y dejándolo a una larga distancia de su mano e impidiendo que volviese a utilizarlo.
-Ahora sí...-Esa larga y tajante espada terminó de romper el peto del chico y atravesándole el corazón. Después utilizó la espada a modo de palanca para arrancarle dicho corazón aún palpitante a pesar de su gran corte. El nuevo portador de esa espada se puso al lado del oído del chico y le susurró estas palabras: -Me quedo tu corazón como prueba de tu insolencia hacia Lord Nahlot Nax. Y que así, te condene a no poder amar en tu siguiente vida...
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