¿Emboscada...?

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¿Emboscada...?

Mensaje por Narrador el Lun Jun 18, 2012 10:10 pm

Nada había en el mundo creado por las majestuosas Diosas, que fuese más extenso y misterioso que sus bosques. Quizá también los mares, pero al menos en éstos si se contaba con un buen capitán podría encontrarse siempre el camino de regreso a casa. Los bosque sin embargo, eran mágicos, literalmente hablando, siempre habitados por criaturas misteriosas que podían ser desde sublimes hadas de apariencia angelical como horripilantes monstruos dispuestos a devorarte. Los bosques solían ser fronteras para casi todos los reinos: conectaban a Termina con Hyrule, a Hyrule con Labrynna, a Holodrum con Hyrule, a Labrynna con Holodrum, en fin... el caso es que prácticamente casi todos los reinos se unían por medio de los extensos bosques y algunos cuantos también por los mares. Es por ello que la ruta que el carruaje real había tomado ese día, o mejor dicho noche, con la meta de llegar hasta Labrynna, cruzaba necesariamente con una zona boscosa, de follaje colorido y espeso.

Se habían designado como acompañantes de la reina Zelda al sargento Markus, al fortachón guardaespaldas de nombre Peter y a un par de soldados más, además de por supuesto, los lacayos encargados de conducir a los caballos que llevaban la enorme y majestuosa carroza. Llevaban alrededor de hora y media de trayecto, momento para el cual la reina como de costumbre yacía dormida ya, como para hacerse el viaje menos tedioso... y sí, en parte por eso el viaje había decidido hacerse nocturno, para que la joven monarca no sufriera demasiado por lo extenso del trayecto y pudiese mejor aprovecharlo para descansar. Aunque también había otro motivo...

Peter, que superaba en fuerza y resistencia incluso a los dos soldados extra que venían como refuerzos de él y de Markus, se encargó de despojar de sus armas al par y de comenzar a reducirlos mediante fuertes golpes, cosa de que no pasó mucho para que al menos uno de ellos quedara inconsciente (quizá hasta muerto). El carruaje que antes se encontraba en movimiento, cesó bruscamente su andar debido a que el lacayo, asustado, sin saber qué ocurría dentro de la carroza, había decidido frenarlos. Aquel movimiento en seco en conjunto con los ruidos y golpes seguramente harían despertar a la reina de inmediato, pero estaba previsto, y fue solucionado por Markus, quien con una de sus manos se encargaba de oprimir los gritos de la doncella presionando su boca con un pañuelo, en tanto ya había apresado con la otra su par de delicadas muñecas detrás de su espalda. Tenía la fuerza suficiente como para inmovilizarla sin dañarla, aunque por su actitud parecía no importarle gran cosa si la lastimaba o no.

Tranquila, milady... —le murmuró casi al oído, aquel malintencionado hombre, sin resistir el impulso de dejarla escuchar una suave pero perversa risa— Si opone resistencia, tendré que hacerle daño, ¿vale? Mejor quédese quieta.

El lacayo, cuando bajó de su asiento y se asomó desde lejos por una ventana para ver lo que sucedía, recibió una sonrisa escalofriantemente malvada por parte del soldado de mayor rango, que le hicieron saber que no tendría oportunidad alguna de ayudar a su reina. Por lo que todo lo que pudo ocurrírsele entre la confusión y el miedo fue salir corriendo lo más rápido posible del lugar... sólo para toparse varios metros más adelante con una figura cuyos rasgos humanos no pudo distinguir, debido a la sombra nocturna que lo envolvía, pero que parecía haberlos estado acechando desde la oscuridad...
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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Aveil el Jue Jun 21, 2012 9:15 pm

Todo estaba saliendo según lo planeado hasta el momento. Aquel idiota viejo miembro del consejo había caído en su trampa... Su avaricia terminaría por romper el saco. Le había prometido poder, dinero, riquezas, muchas más que al resto de sus compañeros traidores a la corona, con la única y sola condición de que siguiera sus instrucciones al pie de la letra y sin que nadie más (ni siquiera alguno de sus corruptos aliados) se enterara, con la excusa de que él había sido su "favorito" y tendría un puesto especial una vez que los planes se llevaran a cabo; una tentadora idea vestida de letal seducción femenina. «Qué idiota... ¿Y se hace llamar "sabio de Hyrule"? Pff...» pensaba a sus adentros la muchacha, riendo divertida con la situación. Los hombres, seres estúpidos que se dejaban engañar por una simple cara bonita y unas cuantas bolsas de rupias...

Pero no era el único que había caído en sus redes, pues la misma estratégia había adoptado con el mismísimo sargento Markus y con Peter (aunque bueno, éste último la verdad no había supuesto ni un solo reto para ella, era una masa de músculos sin cerebro obsesionado con las de su raza); debía admitir que engatusar a Markus no había sido tan sencillo como utilizar mera palabrería o rupias, como con los otros, pero aún así el par de besos con aquel chico que no se veía tan horripilante como los otros, no habían sido taaan malos. Quizás hasta lo había disfrutado, después de todo, como dicen por ahí "entre más grande el reto, mayor la recompensa".

Como sea, el caso es que esa noche... esa noche asesinaría a un cierto anciano de nombre Zhertal Jomaran, quien hasta ese día habría servido activamente en el parlamento de Hyrule pero que, para su desgracia, había caído en sus garras. Era su contacto principal, con quien habría planeado el secuestro de la reina de Hyrule, sin que nadie más aparte de Markus o Peter, lo supiera. El plan era verse en los bosques, a escondidas del resto, inmediatamente después de que el carruaje de la reina partiera hacia su aparente destino: Labrynna; poniendo él la excusa de acompañar parte del trayecto a la reina, y demás palabrería que él sin duda sabría cómo explicar al resto de su gente. Como siempre, iba encapuchada y ataviada con un largo sobretodo negro que encubría bastante bien su identidad gerudo. Matar al anciano fue incluso más sencillo y rápido de lo esperado. Ni siquiera había tenido que utilizar en lo más mínimo sus espadas para ello, pues había muerto estrangulado... ¡Pobre tipo! ... Lo mejor de todo, es que eso, en conjunto con la soledad y oscuridad del bosque, le había dado el tiempo suficiente como para preparar una falsa escena del crimen: el cuerpo de un soldado de Labrynna recién asesinado, cuyas aliadas piratas se habían encargado por supuesto de conseguir previamente, asesinándolo de la misma forma (bueno, quizá no tan limpiamente, pues algunas marcas de cortes habían quedado en su piel...), estaba cerca del difunto hombre ex-miembro del parlamento, en cuyo cuerpo había ahora una herida de gravedad hecha por la espada del otro muerto. ¡Habría sido una pelea épica! El pobre viejo tratando de defenderse de un altercado inesperado, pudiendo sorpresivamente matar a su atacante en un giro inesperado pero sin haber logrado sobrevivir para contarlo. La primera parte estaba lista... ahora seguía lo más importante, hacerse con la princesa y, si llegaba a tiempo, ver cómo Jaffar se encargaba de limpiar de testigos el resto de la escena. ¿Quién sería el único sospechoso ahora? Por supuesto: Labrynna.

Oh, qué pena por Markus... hubiera sido un buen sirviente –murmuró para sí misma la jovencita, dejando escapar después una suave carcajada maliciosa, acto tras el cual volvió a montarse en el caballo que le había llevado hasta el lugar y salió a todo galope, lista para comenzar su verdadera "diversión".


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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Zelda el Vie Jun 22, 2012 9:13 pm


Nunca se detuvo a pensar el porqué habían escogido un trayecto tan extraño. Viajar por los bosques perdidos en la noche era condenarlos todos a muerte -ya había tenido esa mala experiencia años atrás, y aunque solo fuera un viejo recuerdo todavía lograba crisparle-. Aún así logró tranquilizarse al verse en compañía de varios soldados y fue por eso que se quedó dormida a mitades del camino.

Pensaba en Link y en las palabras que le había dirigido en su última correspondencia. Estando incluso en su propio hogar no tenía como responderle -usar el antiguo sistema ya no era efectivo puesto que ni loco pondría un pie en la Ciudadela o en el Castillo- así que estaba un tanto a la "deriva". De igual forma, preocuparse por eso no tenía sentido ya que a como iban las cosas era muy poco probable que volviera a verlo, al menos no en la posición de "amante".

Con esa ronda de pensamientos en su cabeza mientras dormía -obviamente sin descansar- sintió la necesidad de dejar todo a un lado. Daba igual si estaba camino a Labrynna, si se casaría al día siguiente o no; quería por lo menos disfrutar por última vez la compañía de su amor antes de que fuera demasiado tarde... por lo que comenzó a correr, así como una película, los momentos más hermosos que había compartido con él. En su mayoría eran recortes de hechos que habían vivido durante el Carnaval: Cómo se conocieron, su primer beso bajo el tronco, la noche en vela antes de volverlo a ver y de nuevo aquel día precioso que se prometieron estar juntos pasara lo que pasara.

A pesar de que había jurado para si misma que no lo volvería a hacer, Zelda se torturaba viendo aquellas imágenes. Amaba su cabellera brillante que sobresalía de su gorrito verde tan particular, su sonrisa cálida y sus ojos azules que reflejaban la más pura paz que no se encontraba en ningún otro lugar sobre la tierra... pero que de repente eran manchados por las mismas imágenes sádicas que aparecían y desaparecían cada vez que la Monarca soñaba con él.

Fue eso lo que logró sacarla de aquel trance, y no la repentina parada de emergencia del carruaje real gracias al plan de Peter de golpear a los soldados que la cuidaban. Al abrir los ojos y ver lo último de los golpazos, ella se espantó por lo que quiso gritar y pedir socorro, aunque ya para entonces Markus la tenía bien sujeta. A pesar de sentirse angustiada trató en lo posible por no forcejear –aunque igual lo hizo como acto reflejo, al menos hasta escuchar su asquerosa risa– ya que eso incrementaría la fuerza del agarre y no le permitiría escapar tan fácil. Optó por “obedecerle” y quedarse quieta a la espera de algún movimiento raro que le dijera que pasaría después. La pareja reía y festejaba su victoria y, no conforme con ello, quien la tenía inmovilizada la arrastró hasta el bosque para que se diese cuenta de que estaba sola en esto.

Traidores... —apenas y fue entendible la maldición que la antes princesa lanzó sobre aquellos infelices. En cuanto el ex-Sargento aflojó la guardia, Zelda aplicó uno de los movimientos que había aprendido el cual constaba de un rápido movimiento donde usó sus piernas para crear una base sólida flexionando las rodillas y pasando la pierna derecha por debajo de las armaduras del guerrero, para que así pudiera aguantar el peso y que al mismo tiempo le permitiera girar la otra pierna y por ende su cuerpo a unos 45º de su agresor, quedando justo a su lado. Quedando en posición desequilibrada Markus le soltó maquinalmente y terminó liberándola. Zelda, quien al parecer había tenido éxito a la primera usó además la pierna que había puesto hacia atrás para crear una palanca y con un fuerte empujón con el codo logró tumbarle al suelo.

El fuerte golpe y los quejidos del hombre despertaron la atención de Peter quien aún no había salido del vehículo. — ¡¡Eres una cualquiera!! ¡¡Pagarás caro por molestarnos tanto!! — gritó Peter en cuanto vio a su “jefe” maldiciendo y mascullando blasfemias hacia su propia reina, quien para entonces ya se encontraba corriendo hacia cualquier dirección con tal de perderse de vista.

El miedo en conjunto con la adrenalina que corría ahora por su frágil anatomía le brindaron un poco más de fuerza para seguir huyendo y esconderse por entre unas malezas que había encontrado alrededor de los altos árboles. La oscuridad de la noche, en conjunto con los propios sonidos de la naturaleza hizo de su escondite un sitio seguro, al menos hasta que Markus se levantara con ayuda de Peter y la persiguieran. Aguantó como pudo el llanto y la respiración agitada. Sudaba frío y en lo único que pensaba era en lo que pasaría en cuanto la encontraran: la matarían sin dudarlo. Se asomó por entre algunas hojas y buscó con la mirada a alguno de sus captores que al parecer no estaban ni cerca. Presa del pánico comenzó a orar y a orar, pidiendo por su vida y por, en caso de que muriera, que el futuro de sus seres queridos y el de todo Hyrule fuera favorable


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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Aveil el Vie Jun 22, 2012 11:07 pm


Esa noche las profundidades de los bosques perdidos se teñirían de rojo y habría olor a muerte, sangre inocente y también sangre corrupta se derramaría en la hierba, sirviendo quizá de abono o alimento para plantas carnívoras y otros seres malignos que se ocultaban entre las sombras. Lo mejor de todo, es que absolutamente nada ni nadie podría evitarlo... o eso pensaba Aveil.

Un par de gritos y el relincho salvaje de los caballos asustados le revelaron que la diversión estaba cerca. Supuso de inmediato que el plan seguía marchando a la perfección y, además, pudo confirmarlo viendo todo de lejos, escondida en la oscuridad. Vio también como aquel lacayo era asesinado de un sólo movimiento; pero no sólo eso, las habilidades de Jaffar eran sorprendentes, porque si ella no hubiese sido quien le contrató, seguramente se le hubiera hecho dificil explicarse quién o qué había terminado con la vida del pobre... realmente era un asesino silencioso y de movimientos limpios y precisos. Markus y Peter no tendrían posibilidad alguna ante él. Menos aún habiendo observado cómo no habían podido contener ni siquiera a una inútil princesita. ¡¿Cómo era eso posible?! ¡Qué inútiles! En fin... De todas maneras, el único que se perdía de gozar al menos un rato torturando a la jovencita antes de que la pirata llegase a pedirle cuentas (para luego asesinarlo sorpresivamente), era él, pues al fin y al cabo, no es como si hubiera depositado una fiel esperanza en ellos como para realizar el sucio encargo, tan sólo los había utilizado como una herramienta para sacar a la reina del castillo sin hacer tanto esfuerzo y sin levantar sospechas. Aunque pensándolo bien, quizá...

No había necesidad para apurarse demasiado, el sol tardaría en salir y Jaffar tenía la zona completamente vigilada, pues su trabajo consistía en no dejar ni un solo testigo durante el proceso, más allá de ellos dos y la víctima. Simplemente los mantendría vigilados, disfrutando el show como una mera espectadora e intervendría en el momento más adecuado. Eso lo haría inclusive más divertido: el juego del depredador asechando a su presa, pues gran parte de la diversión de un cazador no consiste en hacerse con ésta, sino en el proceso en sí.

Observó cómo Markus también tenía su propia diversión buscando a su "víctima" (¡Pobre tonto! No sabía que él mismo también estaba condenado por la pelirroja) entre la maleza. No tardó mucho en encontrarla, después de todo no era tan torpe como el promedio de los soldados que había conocido. Sintió lástima por la chica, quien era arrastrada sin cuidado alguno por el fangoso terreno, en tanto el hombre con mayor fuerza física la halaba de un solo brazo y avanzaba a paso apresurado sin soltarla, pese a los esfuerzos que la desesperada rubia hacía por zafarse.

...Esperó apenas un minuto más y, quién sabe qué es lo que le hubiera hecho si no es porque su orgullo femenino como por arte de magia se encendió como una llama ardiente en su interior, reclamándole y recalcándole que no podía permitir que un ser inferior, un simple humano, hiciera lo que quisiera con las de su género, aún cuando la chica no fuese de su raza. Su repudio hacia los machos salió a relucir a último minuto y, para fortuna (o no exactamente) de la señorita, Aveil adoptó el mismísimo papel de una heroína que sale al rescate en el momento más oportuno.

El hombre traía puesta una armadura, pero eso no fue obstáculo para la espada de Aveil, que sabiamente (y sin que el soldado se lo esperara en lo más mínimo) atravesó su cuerpo deslizándose por una de las articulaciones de la metálica indumentaria, en una zona del tronco. La estocada no fue letal, pero ya el veneno de sus espadas y el propio Jaffar se encargarían de hacer el resto. Podría haberlo simplemente decapitado, quizás, pero sin duda juzgó que sería una muerte muy rápida y aburrida. Aunque eso sí, el que no llevara puesto un casco, hizo que no pudiera salvarse de aquella buena patada propinada por la morena que había terminado derribándole y dejándole semi-inconsciente.

Volvemos a vernos, princesita –le sonrió sarcásticamente la pirata a la joven soberana que yacía en el piso, notablemente aterrorizada—. Oh, no temas, yo he venido a salvarte... ¿Es que no lo ves? —le habló la muchacha, extendiéndole una de sus manos, para ayudarle a levantarse— Podría haberte dejado a tu suerte y no lo hice. ¿No es suficiente prueba para ti? —Una risita suave y divertida se escapó de sus labios— Ya ves, tú que desconfiabas tanto de nuestra raza y una gerudo ha venido a salvarte de tus propios soldados, qué gracioso —agregó, reforzando con ello su cínica risa, mientras continuaba ofreciéndole su mano.


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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Zelda el Sáb Jun 23, 2012 9:20 pm


Escondida todavía pensó en una buena forma de escapar. Vigiló la zona de modo que no fuera demasiado evidente que estaba allí -los pocos rayos de la luna se filtraban por algunas hojas, dándole cierta iluminación al entorno, al menos la suficiente como para distinguir una figura de la noche-. Ya para cuando sintió que no había nadie, rezó por última vez a las Diosas y corrió por entre los árboles siendo veloz pero al mismo tiempo precavida en los movimientos que pudieran levantar sospechas como por ejemplo el ruido de las hojas y el pasto al siquiera rozarle. No tardó mucho en visualizar a lo lejos la carretera de tierra que estaba siguiendo con la carroza antes del ataque sorpresa, tal vez si lograba seguirla en dirección a Hyrule podría regresar sana y salva... pero sus planes fueron frustrados por el primer guardaespaldas que la había detectado a unos pocos metros de distancia. Zelda corrió a toda prisa adentrándose de nuevo en los bosques.

Sorpresivamente Peter desapareció -claro que la reina no se imaginó que le había perdido ya que una misteriosa "sombra" se había encargado de terminar con su vida- dejándole de nuevo la oportunidad de volver a buscar la carretera. Pero antes de correr desesperadamente hacia atrás debía pensar en Markus. Optó nuevamente por esconderse entre los arbustos, claro que estos eran mucho más delgados que los que había usado como primer escondite y eso ocasionó que el sargento la viese de inmediato. Corrió hasta ella y de un halón por el brazo la sacó de allí. Aunque Zelda no podía verlos gracias a la oscuridad, los ojos de Markus denotaban una cólera mucho mayor a la que cualquier mortal pudiese controlar. Su fuerza era extraordinaria comparada a la del primer ataque, costándole a la monarca poder siquiera levantarse del suelo y luchar. Fue arrastrada por el barro y los troncos de los árboles sin piedad, a pesar de que ella gritaba y halaba con todo el cuerpo en dirección contraria.

No logró distinguir lo que él le decía, hablaba y hablaba mientras la llevaba y riendo completamente enajenado. Para Zelda realmente ya no tenía importancia porque sus acciones violentas ya veían venir lo que ocurriría después. La siguió empujando hasta algún sitio cercano al centro del bosque donde la vegetación era menos y el suelo era puro pasto y tierra. La acostó boca arriba, disfrutando su rostro empapado de lágrimas con una expresión de horror y adicionalmente sus ropajes completamente destruidos por los últimos acontecimientos. Ahí la tenía, expuesta y completamente a su alcance. A su vista no parecía una reina, ni siquiera alguien digna de respeto y a quien tenía a su merced para hacer lo que le hiciera en gana. Esta vez, luego de muchos años de "servicio" él era el jefe, el soberano, el rey de ella y de toda la gente.

Ya la tenía incluso frenada de piernas y brazos y no existía ningún movimiento, rezo o súplica que le detuviera en su cometido; aunque para su sorpresa, ya a punto de comenzar, un fuerte golpe le detuvo y le hizo caer de medio lado otorgándole a la reina de alejarse de él a largas arrastradas hasta el tronco de un árbol donde se quedó paralizada viendo como rastros de sangre manchaban el pasto donde antes estaba sometida. —Tú...

No hizo total esfuerzo para recordar donde había visto aquel rostro femenino. Sus rasgos raciales le llevaron de inmediato la noche del carnaval donde aquella gerudo la había tratado de muy mala manera, inclusive a sus amistades y a su enamorado. Aunque de cierta forma se sentía agradecida por haberle salvado, sentía aún más miedo por lo que podría hacerle ella. —N-no... no necesito de tu compasión... gerudo —Zelda quedó estática, le era imposible hasta respirar ya que prácticamente todos sus órganos estaban igualmente congelados por el pánico. No aceptó la ayuda de aquella "extranjera" -era obvio que, por como trabajaba, tenía más clase que las de Hyrule- y se levantó como pudo buscando apoyo del árbol que tenía a espaldas

¿Vienes... vienes a terminar el trabajo? —su voz se trabó al decirlo, tanto que le costó hacer saliva para seguir hablando. —N-no sé que demonios quieren más de mi, pero no permitiré que sigan con este... teatro. —se paró más erguida, tratando de hacerle frente y escondiendo sus ojos que aún estaban flojos y aguados.



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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Aveil el Sáb Jun 23, 2012 11:16 pm


La morena, al escuchar la negativa de la reina, soltó una ligera risita y negó repetidamente con la cabeza, en tanto apoyaba ahora sus manos sobre sus muslos, aún con una de sus espadas en la zurda.

Oh, es una pena que pienses eso de mí, querida... —comentó con sobre-actuada tristeza, dejando luego escapar un suspiro.

Con un porte intimidante, se acercó aún más a ella, sólo para llevar la punta de su espada a recorrer apenas rozando el rostro de la doncella, ejerciendo la presión exacta como para no hacerle ni un sólo rasguño, pero que al mismo tiempo pudiera sentir el metal frío sobre su piel. Sonrió de una forma perturbadora, en tanto bajaba el filo del arma por su silueta, deteniéndose sólo un momento cerca de su corazón, como si pudiera disfrutar alimentándose de los latidos acelerados y temerosos de su víctima, fantaseando con las marcas de por vida que podría dejar en esa "belleza de porcelana" si tan sólo se le antojara. Se preguntaba si su querido guerrero, aquel que vio en el carnaval junto a ella, la seguiría queriendo aún con todo y eso...

Y yo que sólo quería hacer las cosas de la forma sencilla —mintió en un susurro, cuando en verdad lo que ella quería era hacer su tarea de la forma más "divertida" posible, aún cuando eso significara hacer tambalear la estabilidad emocional y hasta la propia razón de la rubia. Bajó el arma y prosiguió el diálogo—. Dime, ¿prefieres intentar escapar por tu cuenta? yo no tengo problema pero, ¿no sabes acaso lo peligrosos que son los bosques de noche? —rió sarcástica.

Justo en aquel instante, de una forma bastante tétrica un aullido espeluznante se dejó escuchar a lo lejos. Los ruidos de la noche, incluso el silbante viento, supuso que todo en el estado en el que se encontraba ahora la monarca, podría resultar aterrador. Y debía aprovecharse de ello...

...O quizás es que no te ha quedado claro. Puede que las bestias del bosque te ayuden a entender.

La chica se dirigió hasta el hombre en el piso, que se quejaba en voz baja, luchando por mantenerse consciente. Seguramente el veneno estaría surtiendo algún tipo de efecto ya, aunque eso no es algo que tuviera que saber la reina. Tomó al hombre de los cabellos y, jalándolos, logró levantar su rostro del sucio césped. Su femenina sonrisa era simplemente sádica.

Parece que no está aún del todo muerto... ¿No te gustaría darle el golpe de gracia? Al menos por una vez en tu vida, antes de irte... ¿No te gustaría vengarte por lo que te ha hecho? —inquirió la pirata, como si fuese el mismísimo pecado en persona, tratando de seducirla. El hombre intentó hablar, quizás para delatarla, pero Aveil se adelantó a ello y le propinó un golpe en el rostro para callarlo— Yo sé que quieres... Anda, ven, yo no lo haré por ti, y si se levanta más tarde, ten por seguro que este patético engendro irá directo a matarte. No habrá nada ni nadie que pueda salvarte...—Una chispa apareció en sus ojos entonces, justo cuando una nueva mentira cruzó por sus pensamientos— No, ni siquiera ese... tu otro guardían, ese al que tanta confianza parecías tenerle en el carnaval, porque lamento informarte que este tipo que ves aquí, ya se ha encargado antes de él.


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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Zelda el Dom Jun 24, 2012 1:35 am


La flaqueza de su cuerpo hizo que no tuviera más opción que apoyarse enteramente del árbol que le había ayudado a levantarse. Sus piernas aún no podían aguantar su peso y sus brazos y manos se sacudían sin razón alguna en un compás desorientado e insistente por lo que físicamente no estaba preparada para cualquier ataque sorpresivo. No conforme con ello, su nueva "compañía" en el bosque alzó la espada y le amenazó directamente, como si saboreara la idea de matarla o no. Por supuesto que la Monarca, presa del terror se quedó inmóvil, tan solo siguiendo con sus ojos azules el movimiento del filo de la espada por su frágil estructura. Para aquella gerudo, la vida de Zelda no valía nada... y podía arrebatársela en cualquier momento.

Sin decir una palabra en cuanto alejó su arma de ella; aunque detestara admitirlo, tuvo que darle la razón. Los bosques perdidos eran, como había pensado antes de salir del Castillo -y de paso le había recordado la morena- un sitio donde era sencillo perder la vida en vano. Sin querer examinó el ambiente donde estaba: No habían probabilidades de repetir su vieja estrategia y mucho menos de afrontarla ni con los mejores movimientos de defensa personal, porque si se ponía a pensar en una batalla la gerudo ganaría sin siquiera esforzarse. Definitivamente aquellos infelices lo tenían todo bien planeado.

Y de repente gracias a Aveil recordó nuevamente a su agresor. Ver a Markus en el suelo, medio inconsciente y sangrante hizo que su pulso acelerara a millón. Hace unos segundos él intentaba aprovecharse de ella y en un abrir y cerrar de ojos los papeles habían cambiado: Zelda volvía a ser la que dominaba el juego. Obvió los comentarios de la joven, recobrando un poco el aliento y alejándose unos metros de la escena a pasos largos para así poder hallar alguna manera tranquila de salir con bien del bosque hasta que prestó atención a la última de las sorpresas...

Comenzó a temblar de nuevo, cayendo irremediablemente al suelo. Esta vez no le fue posible contenerse así que gritó y lloró desgarrada, perdiendo gradualmente el resto de su voz y de sus fuerzas. Ni siquiera pudo separar los labios y soltar un último suspiro con su nombre, porque no podía creerse lo que le habían dicho ¿Cómo resultaba eso posible? Era ilógico pensar que Link había sido derrotado, a menos claro, que éste se haya dejado vencer por el enemigo ¿Resultaba entonces una mentira lo de su carta? Si, eso tenía sentido. Fingir que todo estaba bien era uno de sus mayores dotes, y lo había demostrado tantas veces que ni ella misma se había dado cuenta cuando estaba realmente de buen o mal humor. Link era claramente un hermoso mentiroso y se había lucido hasta el último momento...

Sintió como su corazón terminaba de morir y además como sus ganas de vivir se desvanecían en conjunto con sus intenciones de resolver pacíficamente las cosas. Las palabras de la fémina pelirroja se le antojaron, por muy increíble que parezca, tan dulces como si se trataran de algún hermoso poema.

Estando en un terreno más conveniente de inmediato le hubiera condenado a la horca, tal y como se castigaban a aquellos que cometían actos en contra de la Corona pero, aún estando los bosques bajo los dominios de Hyrule ¿Quién acataría una orden viniendo de su patética figura, tal y como estaba? La espadachina le estaba dando una oportunidad de oro, un instante que no se volvería a repetir en la vida... pero, obedeciendo también esa pequeñita luz que muchos llamaban "conciencia" hizo caso omiso de inmediato a su deseo de matarle. Sentía que la venganza podía tomarla de otra forma, tal y como disfrutaba en su imaginación el día que tuviera al líder de los gerudos en su poder.

Ya se había acercado hasta él, rozagante al ver en sus ojos el mismo miedo que ella antes había experimentado cuando lo tuvo encima, o cuando seguro lo tuvo su amado antes de fallecer. —Darte muerte, sería ponértela fácil —dijo Zelda en un tono de voz bajo, pero completamente diferente al que había mantenido durante toda la velada. Esta vez su odio fue más fuerte —¡¡Eres un maldito!! —interrumpió su discurso con una bofetada con una fuerza que ni ella misma sabía que poseía logrando en sí que Aveil le soltara y éste cayera al suelo. Seguidamente comenzó a patearle y a clavarle los tacones por los pocos agujeros que dejaban libre la carne de la armadura —¡¡No te mereces compasión de nadie, ni siquiera la de las propias Diosas!! ¡¡Eres un maldito infeliz!! —comenzó a llorar nuevamente mientras seguía propiciándole patadas y golpes con todo lo que tenía. Probablemente ya el pobre estaba muerto en cuanto Zelda comenzó con su paliza, pero eso no la detuvo. Siguió y siguió mientras que lanzaba maldiciones hacia él, su espíritu y toda su descendencia. Muy pronto la ira comenzó a ceder ante el agotamiento por lo que se alejó espantada -en uno de los golpes conoció que su cuerpo había dejado de funcionar- hasta caer perdiendo el conocimiento a unos pocos metros más allá, aún en la vista de la pirata.




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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Aveil el Dom Jun 24, 2012 5:06 pm

Trai...dora... —pudo murmurar apenas el hombre, siendo su voz opacada por los gritos de horror que había soltado la noble al enterarse de que cierto guerrero había supuestamente fallecido a manos del soldado que ahora yacía herido en el suelo.

Mira quién habla... ¿De verdad creíste que iba a compartir mis ganancias con un bastardo como tú? —inquirió casi como un susurro que sólo fue perceptible para el hombre, riéndosele lo más burlonamente posible en la cara.

El breve diálogo se dio por finalizado cuando la monarca decidió propinarle un castigo corporal a su manera a aquel joven agonizante, hecho que sorprendió a la pirata, pero además logró dibujar instantáneamente una enorme y pérfida sonrisa en su rostro. Su incontenible risa maniática no tuvo comparación cuando notó cómo el soldado expiraba su último aliento de vida en manos de la doncella, aún cuando gran parte de la culpa de esa muerte había sido del veneno, Zelda no lo sabría y eso la convertía ahora una asesina... ¡Una asesina tal y como ella! ¡Había conseguido corromper a la mismísima reina de Hyrule! ¿Cómo no alegrarse e incluso festejar felizmente con un par de aplausos ante tal logro?

¡Lo mataste! —exclamó entre las risas— ¡Así se hace, querida! ¡Ese idiota se lo merecía! ¿No te sientes mejor ahora que has descargado tu ira? —inquirió con sarcasmo, sin poder borrar la enfermiza alegría de su rostro.

Aunque la rubia definitivamente no parecía estarlo pasando tan bien, el shock emocional que había vivido aquella noche en sumatoria con los maltratos antes propinados por su agresor, probablemente fueron la causa de que no resistiera caminar más de unos cuantos metros antes de caer rendida al piso. Quizás sería como una horrible pesadilla hecha realidad para ella, pero para Aveil... bueno, no dejaba de deleitarse con todo lo sucedido; aquella risa maldita que hacía eco en el bosque daba fe de su mórbido placer.

¡Ahh! —exhaló en un suspiro relajando los músculos al percatarse de que el show había terminado— qué mal, creí que la diversión duraría más, pero es tan debilucha... ¿Se habrá muerto?

La morena se acercó hasta el cuerpo inconsciente de la mujer y, después de verificar sus signos vitales, colocó un par de grilletes en sus muñecas y otro más en sus tobillos. Luego, aprovechó las heridas y raspones que la chica tenía ya hechos en el cuerpo para poner tan sólo unas gotas del veneno que cargaba, el mismo que le había dado a Markus. El efecto que le causaría no sería para nada letal, pero bien le ayudaría a permanecer inconsciente, o al menos, mareada. Más valía prevenir, por si intentaba escapar o algo por el estilo. Hecho esto, levantó a la jovencita sin mucho cuidado para cargarla en el hombro, en tanto llamaba con un silbido a su caballo y se preparaba para abandonar el bosque.


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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Link el Dom Jun 24, 2012 6:06 pm


Los gritos desgarradores de una voz bastante bien conocida hicieron que al corazón del joven estrujarse con desesperada angustia, así como también le hicieron obligar a la pobre Epona a sobre-esforzarse para ir lo más rápido posible hasta la fuente del sonido. Había cabalgado por mucho rato en aquellos bosques, tan sólo valiéndose de su intuición, después de que Fay, su incondicional compañera y guardiana de la master sword, quien poseía la habilidad de escuchar los mensajes de las Diosas (al igual que Mélodie), le advirtieran del mal que asechaba en aquel sitio. Cuando se enteró, inicialmente no había querido pensar que pudiera tratarse de Zelda... pero aquellos gritos le habían confirmado lo que desde un principio se había temido, lo peor. ¿Es que acaso no había escuchado el consejo escrito en su carta? O quizás nunca la recibió. Como quiera que sea, se había prometido protegerla aún estando lejos y por ello, tenía que llegar a como diera lugar con ella.

No tardó mucho tiempo para divisar entre la penumbra, la figura de una mujer con cabellos escarlata, cargando a su amada inconsciente, sucia y con los ropajes notablemente maltrechos. Una imagen que logró por un instante congelarle el alma, haciéndose mil y un ideas de lo que sea que pudiera haber pasado.

¡Zelda!... ¡Suéltala! —gritó de inmediato el hylian mientras se aproximaba, aún montado sobre la yegüa, captando la atención de la comandante gerudo.

Oh... eres tú —respondió la morena, aún sonriente al pensar que podría tener un poco más de diversión en aquella noche—. Tranquilo, yo no soy tu enemiga... —mintió, procediendo luego a señalar al caballero Markus— ¿Ves a ese hombre de allá? Creo que se puso de acuerdo con sus amigos para aprovecharse de tu princesita y, en verdad que la maltrató mucho —explicó la gerudo, haciendo un gesto de tristeza, como para fingir empatía—, pero no te preocupes, él ya está muerto... Ella lo mató. Bueno, yo sólo le ayudé un poco.

...¡Mentiras! ¡Suéltala ahora o te juro que no tendré piedad de ti! —repitió en un tono amenazante Link, cuando pudo reaccionar después de lo que la morena le había dicho. No quería creer que algo tan horrible le hubiese pasado y que él no hubiera estado ahí para defenderla.

¡Es la verdad! La tenían presa. Yo sólo la estoy ayudando a escapar, para que no termine por ser juzgada como una asesina. Si no me crees... ¿Por qué no le preguntas a ella? —inquirió desafiante, dejando el cuerpo inerte de la mujer de nuevo en el piso, como para darle oportunidad al chico de hablarle y al mismo tiempo "demostrar" su inocencia, sabiendo que era poco probable que reaccionara en el estado en el que estaba.

El joven hylian saltó del caballo sin pensárselo dos veces para ir hasta donde ella y se dejó caer de rodillas junto a su amada, levantándola del césped y estrechándola de inmediato entre sus brazos. Tanto su pulso como su respiración eran muy débiles.

Zelda... Zelda, despierta. Despierta, por favor —le suplicó entre murmullos, mientras limpiaba cariñosamente su carita de la suciedad del bosque— Zelda...

No creo que puedas hacer mucho ahora —habló la insensible mujer, en un tono lo más tranquilo posible—, lo mejor sería irnos de aquí antes de que vengan los soldados. Si quieres, yo puedo ayudarlos, podemos escondernos en mi fortaleza mientras ella se repone... Nadie los buscará allí —sugirió astutamente.

Link simplemente no podía despegar su mirada de la jovencita que tenía junto a ella. Se sentía tremendamente mal por ella, culpable, con un profundo rencor hacia quien sea que hubiera causado sus heridas (que segun la pirata frente a él, tenía por nombre Markus). Sus ojos cubrieron de una fina tela acuosa, producto de toda la frustración que sentía en ese momento, solo una débil lagrimita escapó, cayendo sobre el rostro de su reina.

Ese maldito... —murmuró con asco, deseando que no estuviese muerto tan sólo para poder tener el gusto de humillarlo y terminar con su vida, con sus propias manos— Mi Zelda... perdóname... No debí dejarte, esto es mi culpa...

Chico, en serio, si en verdad no quieres que muera, mejor vámonos... —interrumpió la morena— Decide: ¿Te quedarás a verla morir aquí o... vendrás conmigo para que se resguarden?

El guerrero, confundido por todo lo sucedido, no supo hacer otra cosa que asentir con la cabeza. Supuso que la mujer tenía razón, lamentarse no servía de nada, lo que se necesitaba era actuar y rápido. Lo único que le importaba en aquel momento era estar junto a ella y ver lo más pronto posible la forma de curarla... lo demás lo resolverían a su tiempo.

OFF ROL:
Solo por si se lo preguntaban, el post lo hice junto con Aveil, así que tengo su permiso para manipular su pj (????) Rolling Eyes


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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Invitado el Mar Jun 26, 2012 1:35 pm

Un soldado corrió con fuerza y temor al ver la gran tragedia que se asomaba sobre la reina de Hyrule y su pocas oportunidades que tenia de lograr hacer algo, la corona contaba con soldados que aun en su corazón reinaba el deseo de servir a la corona, el corrió con todas sus fuerzas buscando encontrar a alguien, una ayuda que pudiera conseguir para informar del secuestro de su reina y lo consiguió, encontró a una persona que a lo lejos no se podía denotar del todo, pero su figura humana se podía detallar aun en lo oscuro, una sonrisa de esperanza y un exaltamiento de desespero se manifestó en el soldado que estaba en total crisis

-Por favor Pida ayuda están secuestrando a la Reina!!-

Grito el soldado pidiendo ayuda a la figura inerte que se postraba inerte ante el, sujeto sus ropas con desesperación buscando aire y fuerzas mientras pidiendo a los cielos tener alguna oportunidad de salvar a la reina o en el peor de los casos atrapar a los malditos que acababan de traicionar a la corona, pero un dolor invadió al soldado por uno de los costados para luego invadirlo un frio punzante en esa parte de su cuerpo mientras todas sus fuerzas lo abandonaban, su mirada bajo lentamente hacia aquel punto y vio una daga color rojo carmesí entrando en uno de los costados de donde se unían las palcas de su armadura que permitían el movimiento de su brazo izquierdo, la herida fue profunda pero aun no llegaba amatarlo, su mirada busco la de la persona que lo había herido de gravedad, para solo encontrarse con la inhumana mirada fría color ámbar del asesino que habían contratado para no dejar ni una solo espectador vivo de aquella situacion

-Maldicion…-

Dijo el soldado mientras su garganta se llenaba de sangre usando sus últimas fuerzas para sujetarse de aquella capucha tan negra como la noche que se adueñaba de aquel bosque que pronto se mancharía de color rojo sangre. Un último empujón de la daga perforo el corazón del soldado acabando inmediatamente con su vida y su sufrimiento dando fin a aquel noble ideal de salvar a su reina cayendo lentamente arrodillado en el suelo y terminar de caer su cuerpo en el suelo sin vida con el movimiento lateral del asesino que se retiraba sin compasión alguna de aquel lugar donde quedo el cadáver, sus pasos eran lentos y precisos buscando no hacer nada de ruido, sus sandalias eran perfectas para no hacer ruido al andar y su delicadeza al moverse aseguraban no romper alguna rama de aquella maleza y no ser detectado para al fin llegar a donde debía de estar la princesa y los traidores de la corona, pero para su sorpresa solo estaban algunos guardias traidores que estaban a favor de los dos sujetos que le informaron que estaban apoyando el supuesto plan de la Gerudo. Eran 4 soldados en su totalidad que aun se mantenían en pie revisando los alrededores buscando a la reina mientras los 2 sujetos Markus y Peter se retiraban rápido del lugar, la situación no podía estar más al favor del asesino porque era imposible, ideo un rápido plan para acabar con los guardias, movió uno de los arbusto con fuerza haciendo que los 4 guardias se alertaran y vieran en la oscura dirección de donde vino el movimiento mientras se movían hacia ese lugar el asesino dio un rápido salto hacia una de las ramas de uno de los arboles cerca del arbusto y se columpio con agilidad hacia más arriba aprovechando sus oscuras ropas y lo tupido del bosque para que no lo notaran, ya en lo alto los 4 soldados empezaron a buscar cerca de aquel punto sin suerte en encontrar a la reina en ese momento el asesino actuó, saco sus 2 dagas y se dejo caer sobe uno de los 4 guardias clavando ambas dagas en la noca del sujeto aprovechando la falta de armadura en ese punto matándolo de ipso facto derrumbando el cuerpo contra el suelo mientras el caía en el suelo sobre este asustando a los otros 3 soldados que apenas podían entender que pasaba, una figura oscura acababa de tumbar a uno de los suyos y apenas podían reaccionar a sacar sus espadas que aun se mantenían enfundadas, no había razones para sacarla a quien buscaban era a una reina que apenas podría defenderse.

El asesino tan rápido como toco suelo se abalanzo contra otro de los soldados que aun seguía sorprendido intentando sacar su espada de la funda, pero ya era muy tarde un filo carmesí se incrusto en la quijada del sujeto acabando su vida sin siquiera poner algo de resistencia, ahora solo quedaban dos sujetos que sin pensarlo 2 veces sus nervios los obligaron a sacar armas con rapidez y atacar al mismo tiempo al asesino que aun dándoles la espalda su instinto asesino le advirtió del peligro casi gritándole que se quitara, obedeció a su instinto y dio un rápido giro aun sujetando el cuerpo del soldado recién asesinado haciendo que este recibiera el ataque conjunto de las 2 espadas y realizo un giro rápido tomando sus dos dagas clavando su daga en la articulación del codo de uno de los soldados otro punto sin armadura y la otra busco el cuello del adolorido guardia que perdió todo chance de defensa en esa situación mientras que el otro seguía teniendo la espada dentro del cuerpo del soldado que fue usado como escudo humano; ya solo quedaba uno mientras el asesino seguía implacable a terminar su misión, el miedo invadió al guardia perdiendo la fuerza de mantenerse parado para empezar a arrastrase en el suelo escapando de aquel encapuchado, sus ojos solo manifestaban un vacio que no le importaba acabar con la vida de cada uno de los que estaban presentes, no tenia compasión mas que la de acabar con la vida de cada uno de ellos de manera rápida y casi indolora, el soldado lloraba de miedo la oscuridad del lugar más las misma apariencia del sujeto solo aumentaban el pánico una representación física de la muerte, quería pedir salvación, piedad pero era imposible ya su vida fue arrebatada con un simple y rápido ataque al cuello lanzando su daga carmesí a este, todo lo demás fue bastante rápido los demás soldados ya habían sido tumbados y algunos asesinados a golpes por lo que no tardo en acabar con esos, a él lo mandaron a acabar con la vida de todos sin importar quien fuera a excepción de la princesa.

Ahora solo faltaba acabar con aquellos 2 sujetos que parecían los que serian los más difíciles de silenciar , el andar del encapuchado no se hizo esperar en dirección a donde se había ido aquellos sujetos buscando a la reina fugitiva, un rápido trote acelero los pasos del asesino mientras buscaba a aquellos sujetos y luego encargarse de la reina, a lo que escucho un grito

-Hey!!!-

Era la voz masculina de uno de los sujetos que por acto instintivo llevo al asesino a lanzarse contra el suelo escondiendo su cuerpo en lo tupido del bosque y en la misma oscuridad mientras su mirada buscaba de donde venia la voz para lograr detallar a la reina corriendo con todas sus fuerzas por su vida mientras aquel sujeto de gran musculatura corría por ella él era lento ese cuerpo musculoso solo le dotaba de fuerza pero la terminaría alcanzando tarde o temprano aquella delicada mujer no tenía ninguna oportunidad en escapar.

La carrera de aquel sujeto tenía toda la intención de atrapar a la joven, no solo el cuerpo delicado de la princesa no el daba la resistencia que el si tenía si no también sus ropajes que poco a poco se rompían por la maleza la ralentizaban en demasía todo estaba a su favor para tomarla y la haría pagar por haberse atrevido a escapar dio un ultimo impulso para atrapar a la joven reina con un su musculoso brazos pero algo inesperado sucedió una figura salió desde el tupido bosque, estaba todo tan oscuro que solo pudo detallar dos filos color carmesí que se preparaban para clavarse en su pecho como dos colmillos de una serpiente sobre su presa, clavándose contra su pecho con tal fuerza que el hombre fue llevado pro al fuerza del choque al recibir en su cintura las 2 piernas del asesino que aprovecho el impulso de su salto para derribar al gigante musculoso con su cuerpo prácticamente ligero y en adicional lograr clavar sus armas en su pecho y acabar con un dolor agudo que fue callado con la mano del asesino sobre su boca para que no gritara mientras lentamente la vida del sujeto era arrebatada perdiendo todos los signos de forcejeo y dolor en aquel hombre. Solo faltaba un último sujeto a matar y los quejidos de la Reina le advertían que aquel sujeto ya estaba cerca, en verdad ella facilitaba su trabajo bastante pero al llegar vio una situación que lo tomo algo pro sorpresa y prefirió observar desde la oscuridad del bosque la situación viendo como la Gerudo tomaba cartas sobre el asunto, se quedo tranquilo mientras todo aquello pasaba lentamente sorprendiéndose como manipulaba la débil mente de la reina en esa situación tan fuerte para ella, debía tener cuidado con ella pensó, una persona con esa mentalidad podría ser riesgosa de confiar tan fielmente.

La presencia de aquel joven rubio de ropajes verdes lo alertaron y lo hicieron sacar sus dagas mas al parecer la joven Gerudo lo tenía todo bajo control por lo que se quedo a la espera de cualquier señal con sus dagas en manos listo para acabar con la vida de aquel joven también.


(Off: disculpen el largo pero fue necesario para explicar todo lo que debia y ademas pido disculpas por la tardanza)
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Re: ¿Emboscada...?

Mensaje por Link el Mar Jun 26, 2012 1:47 pm

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